Lady Gaga y la autopromo llevada al extremo

Lady Gaga, la cantante de los lazos de pelo y los vestidos de ranas, que parecía del mismo molde que Katie Perry (alguien consigue diferenciarlas?) ha llamado mi atención demostrando ser una maestra aplicando aquella frase de Oscar Wilde: “Que hablen de mí aunque sea mal”.

En el pasado Festival de Glastonbury, durante una de sus actuaciones, Lady Gaga dejó al descubierto un sospechoso bulto bajo su falda, donde no debiera haber nada. Los rumores no se hicieron de esperar, que si Lady Gaga en realidad es un Manolo, que si tiene pajarito, etc… La cantante sin dudarlo dos veces ha declarado que efectivamente es hermafrodita, y que además de ser algo de lo que no tiene que avergonzarse, le viene bien, ya que al ser bisexual, le resulta de lo más práctico.

Dejando a parte el tema del bulto, que sinceramente me da lo mismo, reconozco que esta mujer demuestra tener más cabeza de la que yo creía. Justo cuando la había tomado por un producto insípido y pasajero, me sorprende demostrando un gran sentido del humor y riéndose de toda esa maquinaria “del corazón” que todavía debate sobre si el bulto es verdad o mentira mientras le hacen publicidad gratis, que es lo que realmente importa. Lo de fingir secuestros y suicidios es de aficionados al lado de esta chica.

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