La loca de los ácaros

Yo creía que era solo mi vecina Rosarito en Valencia, que a las siete de la mañana fregaba el suelo de la acera de enfrente de su casa de rodillas con un trapito. Nunca entendí si es que era masoca o desconocía el invento de la fregona. El caso es que Rosarito era puntual todos los días, no importaba que hiciese frío, calor o fuese festivo. Allí estaba ella siempre limpiando la fachada de la casa.

Sin embargo hay otra “Rosarito” en mi urbanización. Esta es más lista, no abre las persianas para que no se le ensucie la casa, y cuando llueve, aprovecha para fregar la parte de fuera del balcón, ¡eso sí que es ahorrar agua! No importa que con las obras de alrededor el esfuerzo le dure dos minutos. Ella levanta un poquito la persiana, lo justo para que le quepa la mano y con el trapito limpia la repisa de la ventana.

Lo de limpiar entiendo que es necesario, pero llevado a tales extremos, no puede ser sano.

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